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Padres Violentos = Hijos Violentos



¿Sera que estamos trasladando códigos de agresión y violencia a nuestras casas?.

Todos estaremos de acuerdo que en cada familia es diferente, pero en la mayoría de las casas alguna vez hubo gritos, portazos, chicos llorando y padres nerviosos. En general, son situaciones de la cotidianeidad que forman parte de la convivencia y del aprendizaje de todas y cada una de las familias.

Según los especialistas, las familias tienen sus códigos y su estilo particular de funcionar: unos más gritones, otros más impulsivos. Estas formas de dirigirse a los otros son válidas siempre que la autoridad no tome la forma de la violencia y la intimidación.

Debemos reconocer que como padres, hijos y seres humanos en general vivimos en una sociedad que constantemente nos sobre exige, esto puede provocarnos  presiones que afectan nuestro comportamiento hacia los demás.

Según datos estadísticos, la mayoría de las situaciones de maltrato ocurren cuando los padres no aceptamos cuánto nos presiona el entorno y es proyectado en el hogar, sin darnos cuenta esto puede generar una espiral de violencia.

Es responsabilidad nuestra estar conscientes de que nuestros hijos aprenden de las conductas violentas, toda vez que encuentran en esta una forma de exteriorizar su molestia, enojo, intolerancia y hasta dolor.

Si no ponemos a pensar esta resulta ser una de las causas de violencia en las escuelas, de que se burlen de nuestros hijos en el colegio, de ver adolescentes maltratadores, etc….

Según  los  psicólogos los factores que hacen que la violencia quede instalada en un niño se dan cuando… “un niño recibe castigos, humillación, rechazo, maltrato físico o falta de afecto siente que su alma es castigada y, por lo tanto, le es imposible desarrollar un sentido positivo y estable de sí mismo”. Configura su personalidad a través de la proyección de la culpa sobre el otro.

Creo entonces que el desafío que nos toca como padres está planteado. Si bien hay situaciones que parecen instaladas, vale la pena indagar acerca de nuestras conductas y nuestra forma de educar y de disciplinar. Es importante, también, saber pedir ayuda cuando sentimos que un problema nos excede.